Tiendo a flotar, las ensoñaciones me hacen elevarme del mundanal estercolero en el que habitamos.
Me evado, me pierdo, me extravío.
Sueño despierto más que durmiendo.
La soledad es lo que tiene, hablar con uno mismo, inventarse situaciones y conversaciones con personas que nuca han existido ni, existirán. Inventarme viajes, aventuras, pruebas que superar.
Mirar al horizonte, hacia el infinito, silencios más largos de lo habitual, generando todo ese ruido dentro de mi.
Me lleno de piedras los bolsillos, para no echar a volar.
Para no terminar de huir del trabajo, de las facturas, de las obligaciones sociales, de todas esas tediosas conversaciones de ascensor, de todos esos "holas ¿Cómo estás?" hipócritas que sólo sirven para llenar vacíos grises y fríos que pueblan las almas de mis congéneres. Para no escapar de las convenciones populares, que tanto me asfixian, ahogan, estrangulan.
Para seguir siendo un adulto funcional, que finge en silencio, que no rezo por la aniquilación total de la tristeza y el sufrimiento y de aquellos que la crean.
Me lleno de piedras los bolsillos, para no echar a volar como un ave, mirando hacia abajo, al resto de las personas con ojos vacíos, que me saludan con un "Hola, ¿Cómo estás?"
jueves, 30 de junio de 2022
Me lleno de piedras los bolsillos.
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