Demasiadas noches en un hospital como para no defender con uñas y dientes la sanidad pública.
Demasiadas horas frente al ordenador intentando solucionar problemas ajenos, como para no defender los servicios públicos.
Gente a mi lado, que aún respira.
No veo diferencias en los tonos de piel.
Y entreviendo levemente como funciona este tinglado.
Sabiendo que tan culpables son los que nos despojan como los que callan, se encojen de hombros y se dicen "total, si no se puede hacer nada."
He visto tantas veces alinearse el oprimido junto al opresor.
Que apenas me sorprende nada.
Mientras me quede voz, me queden manos, me quede presencia.
Sé donde estoy y hacia donde voy.
Luther King dijo: “No me preocupa el grito de los violentos, de los corruptos, de los deshonestos, de los sin ética. Lo que más me preocupa es el estremecedor silencio de los buenos”.

