viernes, 12 de septiembre de 2025

Uno de mis tantos errores.

Uno de mis tantos errores en la vida ha sido creerme lo que me han dicho.

No, no me refiero de chico, como el Ratoncito Pérez, el hombre del saco, los Reyes Magos o lo de la Democracia.

Me refiero a ya talludico, con algunos moratones en el cuerpo, con los ojos ya cansados de ver las verdades de la vida. 
 

No me refiero a los medios de comunicación bienpagados por los poderosos, que nos dibujan una realidad alejada de la realidad. 

Me refiero a esas personas que caminan a tu lado, durante más o menos tiempo, que dicen que te quieren, y que te protegen la espalda mientras duermes, que te traen un cuenco de sopa, cuando febril, débil y vulnerable tiritas bajo una manta. De esas personas que pensabas que toda la existencia estarían a tu lado.
No digo que mientan deliberadamente buscando un beneficio propio y oscuro. No, no soy tan mal pensado.

Me refiero a esas promesas que nunca se pudieron cumplir, por hastío, por desgaste, por cansancio o por cambio de rumbo vital.

También he de admitir que elegí creerme esas palabras que tanto calor daban a mi desangelado corazoncito. Y tuve que digerir sus consecuencias.

Me limpié el polvo de mis zapatos y seguí caminando.

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