martes, 31 de mayo de 2022

Ojos de Borrego.

    Camino por las calles sucias y atestadas de esta pequeña ciudad, gafas de sol, gorra y un libro en las manos, que tantas conversaciones incómodas me evita. Entro al metro y hago como que leo, a veces llevo unos auriculares enchufados a nada, que me ayuda a escuchar sin sospechas.

    En mi trabajo de guionista, este es mi uniforme de trabajo, mis estudios de psicología y antropología, que poco sirvieron para conseguir un trabajo de verdad, me ha n ayudado mucho para hacerme un nombre en el mundo del show businnes y el mundo del entretenimiento de masas.

    Paseo por las calles, me paro en un supermercado, en una cafetería, en una consulta médica, en un parque... mi trabajo consiste en cuatro horas de deambular y cuatro horas de escribir. No es que me entusiasme, pero cierto es que trabajo cuatro días a la semana y pago bien mis facturas.

    Me siento en una cafetería, donde hacen especialmente bueno el café, una terraza céntrica, sin clientela definida, desde marujas conformadas, hasta ejecutivos sumisos, desde jóvenes que se creen que lo saben todos, hasta ancianos que si que lo saben todo. Abro mi libro en alemán, auriculares puestos, y veo dos jóvenes charlar a un volumen extrañamente alto, no les molesta exhibirse, para nada; me sirven, busco jóvenes de esa franja de edad, observo, oigo, absorbo matices, gestos, tonos, matices... es una feria de color, histrionismo, (parecen presentadoras de la MTV, aunque ellas ni sepan lo que es eso), cada minuto es oro. Saco mi libreta, empiezo a tomar notas, apuntes, señales, dibujos. Estoy frenético. Ahora viene otra amiga, otro elementos, la relación hacia ella, como le hablan, el cambio de complicidad...

    De repente me percato de que algo no me cuadra, hay algo que no me encaja, hay mucho color en la fiesta, pero hay poca... profundidad. Miro esos jóvenes ojos, hace poco pueriles, ahora maquillados. Miro en su interior, veo fuegos artificiales, pero poco fondo. Son ojos vacíos.

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