Hay días que corro detrás del reloj, cual conejito apresurado.
Otros me levanto tranquilo, relajado, con mil cosas por hacer, me siento en la cama, miro mis pies, me calzo y a cada paso marco el ritmo del día.
Me siento tranquilo, soplo mi café, miro la vida con ese desdén que te da el no tener prisa por morirte.
No hay comentarios:
Publicar un comentario