Y los días pasan lentos y pesados.
Pero sin dolor.
Todo empieza a cobrar un extraño sentido, de que nada tiene sentido.
Los días apenas se diferencian, nada de lo que se hace llega a ninguna parte.
Nadie pasará a la historia, por que la historia ya carece de importancia.
Enciendo un pitillo, me siento en los escalones, viendo pasar los coches, apuro la enésima cerveza y con esos ojos entreabiertos, me despido de mi penúltimo día.
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