martes, 16 de febrero de 2016

Día 11.

Noto como las vigas de mi cerebro se retuercen, crujen, se oxidan.
Mis huesos van convirtiéndose en cristal, lentamente.
En el silencio de la noche oigo petrificarme, en cuerpo y alma.
Envejecer, astiarse, quebrarse, romper...

Mi mente se ralentiza, entra en un desagradable sopor que me hace vulnerable a los malos pensamientos.

Otra vez me siento vencido, y desde ese quietud inevitable.

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