Noto como las vigas de mi cerebro se retuercen, crujen, se oxidan.
Mis huesos van convirtiéndose en cristal, lentamente.
En el silencio de la noche oigo petrificarme, en cuerpo y alma.
Envejecer, astiarse, quebrarse, romper...
Mi mente se ralentiza, entra en un desagradable sopor que me hace vulnerable a los malos pensamientos.
Otra vez me siento vencido, y desde ese quietud inevitable.
Mis huesos van convirtiéndose en cristal, lentamente.
En el silencio de la noche oigo petrificarme, en cuerpo y alma.
Envejecer, astiarse, quebrarse, romper...
Mi mente se ralentiza, entra en un desagradable sopor que me hace vulnerable a los malos pensamientos.
Otra vez me siento vencido, y desde ese quietud inevitable.
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