Lo reconozco, soy un mal enfermo, como un gato, me acurruco en un algún rincón, y me pongo arisco con quien se acerque, aunque sea a mimarme, a cuidarme. enseño mis dientes, y me bufo.
En esos momentos de vulnerabilidad, es en esa debilidad, me siento humano, me siento fugaz, noto que no seré eterno (no, tampoco es algo que me moleste o me importe mucho, lejos de ello, a veces fantaseo con ese momento, más preocupado estoy de dejar un bonito epitafio), no lo seré, en esos momentos, me alejo de lo mundano, me separo de mi propia trivialidad, y veo mi existencia desde cierta perspectiva.
Y entonces me recentro, me siento menos yo, más vivo.

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