jueves, 30 de junio de 2022

Me lleno de piedras los bolsillos.

Tiendo a flotar, las ensoñaciones me hacen elevarme del mundanal estercolero en el que habitamos.
Me evado, me pierdo, me extravío.
Sueño despierto más que durmiendo.

La soledad es lo que tiene, hablar con uno mismo, inventarse situaciones y conversaciones con personas que nuca han existido ni, existirán. Inventarme viajes, aventuras, pruebas que superar.

Mirar al horizonte, hacia el infinito, silencios más largos de lo habitual, generando todo ese ruido dentro de mi.

Me lleno de piedras los bolsillos, para no echar a volar.
Para no terminar de huir del trabajo, de las facturas, de las obligaciones sociales, de todas esas tediosas conversaciones de ascensor, de todos esos "holas ¿Cómo estás?" hipócritas que sólo sirven para llenar vacíos grises y fríos que pueblan las almas de mis congéneres. Para no escapar de las convenciones populares, que tanto me asfixian, ahogan, estrangulan.
Para seguir siendo un adulto funcional, que finge en silencio, que no rezo por la aniquilación total de la tristeza y el sufrimiento y de aquellos que la crean.

Me lleno de piedras los bolsillos, para no echar a volar como un ave, mirando hacia abajo, al resto de las personas con ojos vacíos, que me saludan con un "Hola, ¿Cómo estás?"

lunes, 13 de junio de 2022

Yo, hoy, no debería estar aquí.

La Justicia como concepto me suena a chiste, ni la humana, ni la demócrata, ni tan siquiera la divina.

Yo hoy no debería de estar aquí, debería de estar sufriendo una divertida resaca en algún desierto del Levante, donde encontrar buena cerveza sea difícil y el calor asfixie los poros.

Yo hoy no debería estar aquí, no es justo, pero eso ¿Qué más da?

Debería tener zumbidos en los oídos, debería de estar más cansado aún, debería de haber sentido dolor y miedo, pero eso no pasó.

Hoy estoy aquí, esperando que amanezca, más triste, más solo, más sano.

La arena no cae, el reloj no avanza y eso que yo, hoy, no debería estar aquí.

viernes, 3 de junio de 2022

Delirios de Grandeza.

Miro mis manos mientras camino por caminos secos, miro mis manos pensando en lo que he llegado a conseguir con ellas... apenas nada.

Camino por caminos con apenas vegetación salvaje, todo es campo cultivado, nada de naturaleza (nos gusta matar lo bello).

No soy una persona de grandes sueños, a veces ni de pequeños, me dejo arrastras por la corriente, cual pez muerto, muerto por dentro es como a veces me siento.

Sé comer y dormir, trabajar, pagar y poco más, no me enseñaron a soñar, ni con una gran casa ni con un gran sueño -sueños de mierda, por otro lado, sueños de consumista-.

Camino despacio por caminos polvorientos, polvo que se agarra a mis zapatos, polvo que se me mete en los ojos y apenas me deja ver, que me hace llorar, que me impide avanzar.

Siento un agujero dentro de mi, como en el cielo del paladar, así que saco del bote otra pastilla y me acuesto a dormir.