martes, 31 de mayo de 2022

Doble rasero.

Hoy no toca política, me estoy quitando un poco.

Hay una persona que conozco, que según quien comenta el pecado, lo justifica o lo crucifica.
Me encanta decirle que tal persona -que no le cae bien- ha hecho "tal cosa" y empieza a despotricar de esa persona, de lo que ha hecho, y todo eso, hasta suelta espuma por la boca y se le inyectan los ojos en sangre, y cuando está que va a explotar, le digo: "ah no, fue tal otra persona -que si le cae bien-, perdona, que me he confundido." Entonces cambia su discurso y dice, "ah, bueno, es que esto y lo otro", se deja en videncia, obviamente, es como crucificar a Echenique por que no pagó a no sé quien, pero perdonar al rey emérito todos los miles de millones que no ha declarado y obviamente nos ha robado. (perdón, dije que no iba a hablar de política); claro, esta persona se queda en evidencia, mientras yo sonrío jacarandosamente y me mira con ojos de odio, es tan habitual, que ya se piensa mucho lo que dice delante mía, por que cree que todo es una trampa.

Esa hipocresía, falta de justica, de raciocinio, lo entiendo, pero no lo justifico, yo que he condenado a seres queridos por acciones, como a cualquier otra persona, sin darle trato preferencial. No se puede ser demócrata y tratar con distinta justicia a unxs y a otrxs.

Bueno, es mi opinión solamente.

Ojos de Borrego.

    Camino por las calles sucias y atestadas de esta pequeña ciudad, gafas de sol, gorra y un libro en las manos, que tantas conversaciones incómodas me evita. Entro al metro y hago como que leo, a veces llevo unos auriculares enchufados a nada, que me ayuda a escuchar sin sospechas.

    En mi trabajo de guionista, este es mi uniforme de trabajo, mis estudios de psicología y antropología, que poco sirvieron para conseguir un trabajo de verdad, me ha n ayudado mucho para hacerme un nombre en el mundo del show businnes y el mundo del entretenimiento de masas.

    Paseo por las calles, me paro en un supermercado, en una cafetería, en una consulta médica, en un parque... mi trabajo consiste en cuatro horas de deambular y cuatro horas de escribir. No es que me entusiasme, pero cierto es que trabajo cuatro días a la semana y pago bien mis facturas.

    Me siento en una cafetería, donde hacen especialmente bueno el café, una terraza céntrica, sin clientela definida, desde marujas conformadas, hasta ejecutivos sumisos, desde jóvenes que se creen que lo saben todos, hasta ancianos que si que lo saben todo. Abro mi libro en alemán, auriculares puestos, y veo dos jóvenes charlar a un volumen extrañamente alto, no les molesta exhibirse, para nada; me sirven, busco jóvenes de esa franja de edad, observo, oigo, absorbo matices, gestos, tonos, matices... es una feria de color, histrionismo, (parecen presentadoras de la MTV, aunque ellas ni sepan lo que es eso), cada minuto es oro. Saco mi libreta, empiezo a tomar notas, apuntes, señales, dibujos. Estoy frenético. Ahora viene otra amiga, otro elementos, la relación hacia ella, como le hablan, el cambio de complicidad...

    De repente me percato de que algo no me cuadra, hay algo que no me encaja, hay mucho color en la fiesta, pero hay poca... profundidad. Miro esos jóvenes ojos, hace poco pueriles, ahora maquillados. Miro en su interior, veo fuegos artificiales, pero poco fondo. Son ojos vacíos.

sábado, 28 de mayo de 2022

Hoy me expongo.

Hoy me expongo, por que no me soporto.
Busco el alago, la aprobación, la aceptación, el aplauso, el "like" de turno.
Pongo mi mejor cara, la pose, la iluminación correcta, un fondo adecuado.
Miro al infinito con una mirada profunda.
Camisa moderna, casual, desabrochada, voy un poco despeinado, lo preciso y estudiado.

Llevo en las manos un libro, poco conocido, de un autor canalla.
Mi perro a mi lado. Tumbado, durmiendo.

Me exhibo.
Mendigo atención.
Busco mostrar más que ser.

martes, 24 de mayo de 2022

De lado a lado.

Me encantaba quedar con Elvira, una mujer fuerte, siempre quedábamos a media mañana para tomar un café, a veces dar un largo y lento paseo, me daba la impresión de que no tenía prisa.
Me gustaba mucho charlar con ella, no es que supiera de muchas cosas, al menos no me lo parecía, ella escuchaba más que hablaba, después de dejar hablar, callaba un largo rato, reflexionaba, como si reviviera lo que has dicho de nuevo, te da la impresión que te escucha de verdad, incluso a veces llegué a pensar que antes nunca me había escuchado, al menos no como lo hace Elvira.

Siempre va con cuello, alto, o un pañuelo al cuello, pensé que estaría operada de nódulos, o las cuerdas vocales, su voz no es fea, pero es cierto que tiene una tonalidad que no sabría identificar.

Habla poco, habla lento, pero cuando lo hace, saborea las palabras, y cuando dice algo, puedes asegurar que lo que dice es verdad, no sabrías explicar por qué, pero sabes que lo es.

Rara vez quedábamos para algo que no fuera para tomar un café a media mañana, creo que sólo he comido con ella dos o tres veces, y nunca ha sido premeditado, si no al encontrarnos de manera casual en un restaurante y yendo ambas solas, nos hemos hecho compañía de muto agrado.

Empezaba el verano, un deseado y prematuro verano, calor, quietud, gente, bullicio...
Me quedaba sola unos días, decidí retirarme al cortijo de Almería, playas solitarias, calas desconocidas, incluso una pequeña piscina muy agradable para las noches de verano, mojitos y estrellas, decía yo.
Decidí invitarla, miró al horizonte -como casi siempre hacía, enfocando su vista a la nada, de una manera extrañamente intensa- y le vi hacer algo que nunca había hecho, pararse en una sílaba al hablar, una rara avis, empezó diciéndome que no podría por... no supo que decir, al final me contestó con "un ya veremos", mientras se acariciaba el cuello por encima del pañuelo.

Pasaron los días, contándolos, para ese deseado retiro al cortijo, leer, pasear, estrellas, vino blanco al atardecer...

Sería la primera vez que no voy sola, pero con Elvira sería ... una grata compañía, una persona tan pausada, tranquila, tan serena, lejos de ser un retiro alterado por elementos externos, seríamos dos personas haciendo retiro juntas.

Dos noches llevo en casa pensando por qué esa reticencia de Elvira en venirse, creía que nos caíamos bien, que nos era agradable la compañía, para ambas. No parece que tenga carencias económicas y ya le comenté que todos los gastos de avituallamiento correrían de mi parte, sería agradable cocinar para dos, más que para una sola persona, insistió que no, le dije zanjando la conversación, que solo le admitiría la mitad del gasto del combustible, esto no pudo rebatirlo.

Se acercaba el día del ansiado viaje, al final me llamó por teléfono, concretamos la hora y lugar donde la recogería.

Nada más subirse al coche me miró a los ojos fijamente, como no solía hacer, y sin abrir la boca, se despojó del pañuelo de seda que llevaba, dejando ver una enorme cicatriz en el cuello de lado a lado.
Yo la miraba sin saber muy bien lo que veía, pero algo en mi sabía que era algo grave, esto antes de que mi cerebro procesara lo que estaba viendo.


Ahí supe por que su cadencia, su no-prisa, su sabiduría.
Ella había bailado con la muerte y podía contarlo.

jueves, 19 de mayo de 2022

Metro Cuadrado.

 "yo lo de cambiar el mundo lo veo una gilipollez

yo solo quiero hacer algo divertido

no me quiero comer la cabeza

lo único que quiero es montar una buena fiesta

y que la gente se lo pase bien conmigo."




Lo de que en mi cabeza suena una constante banda sonora, lo dejaremos para otro día, lo de ingerir todo aquellas cosillas que me voy encontrando en el suelo de mi furgoneta, también.

Hoy quiero hablar de una yuxtaposición.

Querer cambiar el mundo (para mejor, se sobreentiende) o pasárselo bien.

Cuando echo la mirada atrás al camino ya recorrido y veo lo poco o nada hecho, y recuerdo mi energía revolucionaria de la adolescencia (eso fue antes de ayer en mi cabeza), pintadas en las paredes, organizar manifestaciones a favor de la legalización de no se qué, sacan fanzines y pegatinas, radio incendiaria... (algunas de esas cosas las sigo haciendo), no sé si ha servido de algo, no sé si ha tenido sentido. O simplemente ha sido una eyaculación vacía.


Quiero cambiar mi metro cuadrado, si cada persona cambiara, mejorara, arreglara su metro cuadrado, todo nos iría mejor, una sonrisa, una palabra amable, un ayudar con las bolsas a tu vecino mayor, ser cortés, simpático, amable, esa es la verdadera revolución.