La ira casi ha desaparecido, se va diluyendo en un fuerte y profundo odio, pero sin ira.
Las alucinaciones son cada vez menos frecuentes, pero más difíciles de diferenciar de la realidad.
Mis manos solamente tiemblan por las mañanas y las noches.
Mis ojos vidriosos ya no lloran todo el rato.
Cuatro días inyectando ese sucio líquido en mis venas para limpiar mi sangre.
A veces me pregunto si merece la pena.
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