De muchacho solía no despedirme al irme de una fiesta.
Odiaba el incómodo momento de la despedida.
¿Quien sabe si nos volveríamos a ver?
Cuando cierro los ojos y me entrego a Morfeo, no sé si soy yo quien volverá a despertar.
Siempre he odiado la palabra adiós, las despedidas, esos abrazos que duelen en vez de sanar.
No quiero volver a despedirme de nadie.
Ni de los muertos, ni de los vivos, ni de los olvidados, ni de los queridos.
miércoles, 3 de marzo de 2021
Siempre he odiado la palabra "Adiós".
Si te marchas...
Si te marchas no mires atrás, nunca.
Hay caminos que no se pueden volver a recorrer, no hay atajaos, ni ascensores, ni trampillas ni armarios que nos conduzcan mágicamente a otra dimensión multicolor. Si quieres volver, tendrás que crear nuevas sendas que te traigan aquí, pero recuerda, que yo ya no estaré.
Mis pies avanzan lentos pero firmes, haciendo girar este terruño inhóspito, acercando los labios de la parca, haciendo corto el trayecto final.
Si te vas, prométeme que nunca más te acordarás de mi, borrarás mis señas y no le preguntarás a la luna sobre mi paradero.
Si te marchas, levanta la cabeza y olvídame, pues yo apenas ya recuerdo mi nombre.
Debe de haber algún planeta con helados.
Cruzando el alma de la medianoche, insomne, bebiendo café y te fermentado.
Sonidos de sirenas aún resuenan en mi cabeza.
Un sabor metálico en la punta de la lengua. Psicodelia o tal vez esquizofrenia. ¿Quién sabe?
Transmisión espacial en cada momento, lanzamos miles de bits de datos al exterior, como si eso sirviera de algo, compartir cada segundo de nuestras insignificantes vidas tiene un propósito encomiable, sentirnos algo menos solos en este inhóspito universo.
Comunicarnos, transmitir información, ADN, conocimientos, nostalgia, sueños, mitología, creaciones y ensoñaciones... todos es lo mismo.
He mirado una puesta de sol junto a otro individuo y no me he sentido nunca solo.
He bailado rodeado de miles de personas, en una burbuja de conciencia solar.
Ya no busco, ya no espero, ya no deseo, ya no necesito.
Ahora simplemente soy.
Y así, espero a la muerte.
Sonidos de sirenas aún resuenan en mi cabeza.
Un sabor metálico en la punta de la lengua. Psicodelia o tal vez esquizofrenia. ¿Quién sabe?
Transmisión espacial en cada momento, lanzamos miles de bits de datos al exterior, como si eso sirviera de algo, compartir cada segundo de nuestras insignificantes vidas tiene un propósito encomiable, sentirnos algo menos solos en este inhóspito universo.
Comunicarnos, transmitir información, ADN, conocimientos, nostalgia, sueños, mitología, creaciones y ensoñaciones... todos es lo mismo.
He mirado una puesta de sol junto a otro individuo y no me he sentido nunca solo.
He bailado rodeado de miles de personas, en una burbuja de conciencia solar.
Ya no busco, ya no espero, ya no deseo, ya no necesito.
Ahora simplemente soy.
Y así, espero a la muerte.
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