En ese preciso momento en el que un nihilista llega a pensar, por un segundo, sólo un segundo, que lo mismo si que es posible.
Que sonreír a menudo no es tan difícil.
Que llegar a fin de mes sin ser un perro arrastrado y aún así ver en el atardecer colores imposibles, es una meta que se toca con la punta de los dedos.
Que tener un objetivo, es tan sencillo como comprarse una libreta de sesenta céntimos en el chino de la esquina.
Unos ojos pardos que me miran mientras duermo.
Una piel tan dulce que derrite el infierno.
No, a veces pienso que no es posible.
Pero me despierto y abro los ojos.
Y veo que si.
Que sonreír a menudo no es tan difícil.
Que llegar a fin de mes sin ser un perro arrastrado y aún así ver en el atardecer colores imposibles, es una meta que se toca con la punta de los dedos.
Que tener un objetivo, es tan sencillo como comprarse una libreta de sesenta céntimos en el chino de la esquina.
Unos ojos pardos que me miran mientras duermo.
Una piel tan dulce que derrite el infierno.
No, a veces pienso que no es posible.
Pero me despierto y abro los ojos.
Y veo que si.
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