miércoles, 25 de noviembre de 2015

Día 5.

Es esa hora en las que los pensamientos empiezan a ser fríos y tristes.
El tenue silencio de la calle, que todo lo congela, atraviesa el tuétano, se apodera de nuestros huesos, de nuestra piel, de nuestros deseos.
Aquí estoy, otra vez insomne, deseosos de hacer, de crear, de crecer, ... pero nada.
Todo y nada me lo impide.

Hablo, hablo y hablo, eso me libera.
A veces tecleo unas palabras tras otras, incluso a veces tienen cierto sentido.

La música de piano hace que mis ojos se encharquen.

Sigo despierto, o queriendo despertar.

Tengo que despojarme de tanto y tanto y tanto lastre.

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