En un rincón, con la respiración entrecortada, con la yugular sangrante por el corte, por el recorte.
Ese moribundo engendro, hijo de una dictadura, que apenas saboreó de lejos lo que era una democracia, puso su objetivo en el mundo capitalista del bienestar, ahora hundidos bajo el yugo (y las flechas) de una oligarquía despiadada y sin alma.
Que vende libertades, salud y futuro para llevarse unos cuantos (miles de millones) de euros al bolsillo de las bancas suizas.
Más gasolina para la maquinaria.
Cambiar el futuro de nuestros hijos por poder, riquezas y privilegios.
Seguir justificando nuestros actos, seguir criminalizando nuestros pensamientos de libertad y justicia.
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