Cansado.
Cansado de no dormir, cansado de no beber agua, cansado de no salir corriendo.
De repente, suenan ecos en la noche oscura.
Me quedo sentado, escuchando esas voces que me hablan constantemente.
Al filo de la cama, con los pies colgando, a oscuras, como quien está en el precipicio, frente al abismo.
Abismo del día tras día, de esa decadencia llamada vida, de ese transeúnte sentimiento que es el estar vivo.
Abismo que es mirarse en los ojos huecos del espejo, de ese aliento vacío y podrido que es nuestra propia voz.
Cansado de no dormir, cansado de no beber agua, cansado de no salir corriendo.
De repente, suenan ecos en la noche oscura.
Me quedo sentado, escuchando esas voces que me hablan constantemente.
Al filo de la cama, con los pies colgando, a oscuras, como quien está en el precipicio, frente al abismo.
Abismo del día tras día, de esa decadencia llamada vida, de ese transeúnte sentimiento que es el estar vivo.
Abismo que es mirarse en los ojos huecos del espejo, de ese aliento vacío y podrido que es nuestra propia voz.