Tema polémico, donde los haya, lo sé.
Pero de eso trata la madurez ¿no?
De hablar cosas de mayores.
Hay que diferenciar dos cosas que para mi están claramente separadas, la Iglesia como institución (como empresa, como secta venida a más, como mafia, como banco, como queráis llamarlo), y las creencias individuale de la persona.
Hay quien confunde estas dos cosas y cuando habla de Jesucristo, habla del Papa y de los curas.
Hay quien pide respeto a su Dios y a la Iglesia, como si fueran la misma cosa.
Lo siento, pero en mi infinito respeto hacía las personas de bien y a sus creencias, respetaré que crea en Yahveh, en un becerro de oro, en una piedra, en la ciencia o en uno mismo, por que mientras sus actos sean de respeto hacia cualquier otra forma de vida, solidaridad, comprensión y amor, me da igual hacia donde rece.
Ahora, nunca respetare una institución que no tolera/respeta o que censura e intenta prohibir (como si tuvieran acaso potestad para legislar), el amor entre dos personas (sean del mismo sexo o no, tengan consagrado su amor ante su liturgia, se golpeen el pecho cada 7 días o nunca), tengan una postura marcadamente machista hacia la figura de la mujer, trate a sus adeptos como borregos que han de acatar unas palabras y su interpretación, despojándoles de libertad de interpretación y crítica.
Una institución que historicamente siempre ha estado con los opresores, con los que apretaban el cuello de los más débiles, una institución que justifica el maltrato hacia la mujer, el abuso de menores por sus representantes de la moral y lo correcto. Lobotomía sistemática del individuo coaccionando sus instintos naturales y reprimiendo su alma.
No !!! a esos no los respeto ni los tolero.
He mantenido largas y profundas conversaciones con creyentes de verdad, de los que ayudan de corazón, sin esperar si quiera el cielo eterno, gente que creía en las palabras atribuidas a Jesucristo (enseñanzas, las cuales comparto la filosofía básica).
Pero en cuanto alguien se sube a un púlpito y por ese motivo ya empieza a darme lecciones, me recorre un escalofrío por el espinazo que saca lo mejor de mí.
Cierto es que no salgo a la calle todos lo días a cumplir el deseo de Yahveh y arremeter contra los mercaderes que hay del templo y destruirlo en 3 días.
Respeto a los creyentes.
Pero no a los predicadores de la muerte.
(continuará)